¿Alguna vez te has sentido como el trapecista que, a pesar del dolor, no suelta la cuerda? A veces nos aferramos con tanta fuerza a nuestras propias seguridades, a situaciones que nos hacen daño o al control de nuestro propio destino, que olvidamos una verdad fundamental: fuimos creados para volar, no para vivir colgados del miedo.

El trapecista teme que, si suelta, morirá. Y es ahí donde nuestra fe es probada. Soltar no es un acto de rendición al vacío, es un acto de rendición a Dios.

Sé el primero en opinar “La Trapecista”

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Aún no hay reseñas.